Queridas madres, queridos padres.

 

Si estáis leyendo esta hoja es porque habéis decidido traer a vuestro hijo a consulta, por lo que sea. Os pido leer con detenimiento y cogeros el compromiso de la psicoterapia sólo tras compartir lo expresado.

 

Para nadie (ni adulto, ni niño, ni mucho menos adolescente) acudir a un psicoterapeuta es algo fácil. Se trata de conocer a un desconocido, abrirse, confiar... No es algo que se da en una sesión, o en tres. Muchas veces hace falta un período bastante largo de trabajo sobre la confianza para luego empezar a ahondar en los temas más importantes.

 

Mi enfoque es humanista, lo que quiere decir trabajar según lo que el paciente trae, no seguir protocolos estandarizados, trabajar más con la vivencia que con la sintomatología. En general es un enfoque que requiere más tiempo, sobre todo cuando el niño o adolescente trae un problema muy grave o muy enquistado.

 

Por lo general NO TRABAJO DANDO PAUTAS A LOS PADRES: los niños no son máquinas que cambian su conducta aplicando determinadas normas. Trabajo para COMPRENDER el por qué de su conducta y ayudar a ellos y a su entorno a modificar lo que puede ayudarles a cambiar. Pero no puedo dar pautas genéricas sin haber trabajado una temporadita con el niño o adolescente y con sus padres.

 

Tras unos años de experiencia con población infantojuvenil, he tocado con mano que puede ser muy doloroso para un menor vincularse con un terapeuta y, tras haber hecho este esfuerzo de confianza, interromper el proceso, sobre todo cuando es de un día para otro. Y más cuando el niño o adolescente viene quizá para trabajar duelos y traumas (separaciones, muertes de familiares, cambios que le ha costado metabolizar).

Os sugiero que vuestros hjjos NO EMPIECEN un proceso de psicoterapia si no tenéis muy claro que os podéis coger el compromiso tanto personal como económico.

 

La psicoterapia infantojuvenil no es nunca sólo con el menor. Siempre necesito trabajar también con los padres, tanto por tema legal (es un menor) cuanto porque muchos temas hace falta trabajarlos de manera sistémica y el pequeño paciente recibe un mensaje muy sano si ve que los padres y el terapeuta colaboran en su interés. Las sesiones periódicas de padres NO SON sesiones que el niño pierde, sino que son sesiones importantes que incluso a veces permiten que el niño avance mucho más en su proceso.

 

La frecuencia de la psicoterapia no es fija e inamovible, puede ser diferente de un caso a otro y también depende de la posibilidad económica de la familia. SIN EMBARGO en el comienzo de la vinculación, mentiría si djera que una frecuencia quincenal es adecuada. Si pasan demasiados días (que a veces se alargan por enfermedades, festivos o incluso compromisos del terapeuta) la terapia no será efectiva. Lo indicado es empezar semanalmente y, sólo después de unas semanas, pasar a frecuencia quincenal (que idealmente se reserva a situaciones de cierre o de seguimiento largo).

 

En ningún caso puedo prever una duración de la terapia al principio del proceso; sin embargo, es cierto que en este modelo hacen falta mínimo tres meses para poder empezar a ver que algo cambia y normalmente, para un cambio profundo, hacen falta de uno a dos años. Aunque veáis un cambio repentino en las primeras sesiones (muy a menudo pasa), es posible que cambie lo más superficial (por ejemplo, un miedo, una conducta...) pero que no pueda cambiar aún el sustrato emocional que lo determinó.

 

Sé que el tema económico es apremiante, y más en la situación actual de pandemia. Sin embargo, L’Espiral es un centro privado donde todos los profesionales somos autónomos y nos costeamos personalmente el espacio y los materiales, además de nuestras propias formaciones y supervisiones. Mantenemos precios absolutamente bajos a nivel de mercado, pero no tenemos subvenciones para becar procesos de psicoterapia si no en casos muy excepcionales. Por esto os sugiero reflexionar bien y, en caso de indisponibilidad económica, acudir a los servicios públicos territoriales (CSMJ).

 

Por la misma razón estoy obligada a cobrar sesiones que se anulan a última hora. Trabajo mediante un sistema de envío de recordatorios 24 horas antes y pido confirmación de la cita; en caso excepcional (enfermedad  u otros motivos graves) evidentemente soy flexible, pero en todos los demás casos cobraré la sesión, porque me comprometo a cubrir los gastos de la sala y no dejo que se alquile a otros profesionales que la necesitarían, con consecuente pérdida económica para el centro. Además, tengo lista de espera y tenéis que pensar que cada cita anulada a última hora quita oportunidad a otra persona que tiene una urgencia de poder acudir antes de una semana o quince días.