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Soltar

Hemos llegado al final de nuestro largo recorrido juntos.

 

Ya van dos años y medio, durante los cuales has pasado de ser niño a hombre. Sabía que la despedida para mí sería complicada, entonces la he llevado como un ritual. Día tras día, cada vez cerrando un poquito más: apurando los apuntes hasta el último día, archivando la historia, guardando los dibujos, encontrando un lugar en la casa para la bolsita que me dejaste, con dentro tus cartitas. Organizando consignas para la escuela, colegas, tu madre, plasmando estos años en un informe para “dejarlo todo bien”.

 

Tu dolor se ha ido achicando, poco a poco, y ha dado paso a la sonrisa y a la alegría, a la ilusión de la escuela que te espera.

 

Para que la experiencia fuera completa, nos pilló el confinamiento, durante el cual al principio me pregunté varias veces si te volvería a ver y si habría una despedida. Estábamos sumidos en una incertidumbre total sobre nuestra misma profesión: varias veces yo elaboré la fantasía de que no se podría volver a ejercer la psicoterapia presencialmente.

 

Al retomar, lo que hicimos fue recoger flores, viendo el fruto de tanto trabajo, tantas lágrimas, tanto miedo, tanta rabia y también de tanto amor, cercanía, consuelo y arropamiento.

 

Y finalmente cerramos... al menos de momento. Fue un cierre bonito. Me quedé muy sorprendida por cómo has madurado y cambiado.

 

Hoy abro de vez en cuando la bolsita con tus “cualidades”.

 

Entrañable: eres una personita muy buena.

 

Fiable: te coges tu compromiso, aunque en principio no te guste, y lo llevas hasta el final. Han sido dos años y medio hasta aquí.

 

Brillante: tienes una cabecita maravillosa. Lo primero que dije a la Fina fue: “niño muy interesante”. Harás algo importante en tu vida.

 

Lo que sería si vuelves no será lo mismo de estos dos años, y está bien así.

 

Sé que me llevarás en tu corazón siempre. Aunque igual no te acordarás de mí, de las cosas que hicimos juntos, de las palabras, sí te quedará el regusto de las sensaciones: lo más valioso, lo que te acompañará a confiar en los demás, a realizarte como persona, a querer. Y quizá algún día nos reencontraremos y estaremos los dos en otro punto, pero nos reconoceremos y recordaremos.

 

Te quiero y te llevo conmigo siempre en mi corazón como un tesoro muy preciado.

 

Hasta siempre,

Chiara

 

 

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