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¿Dónde está lo perinatal?

Cuando estaba acabando la carrera de psicología, estudiando por mi cuenta el tema perinatal, me sentía bastante extraña porque este interés no lo compartía ningún colega más. Poco a poco, en las formaciones, sí que conocí un amplio grupo de psicólogos, psiquiatras, médicos que estudiaban y trabajaban con este tema, a menudo hostigados por los protocolos normales y corrientes de la psicoterapia y medicina tradicionales. El segundo escollo para mí fue, de psicóloga, averiguar que, a pesar de las loanzas recibidas (“qué ámbito tan importante, qué bien que alguien se dedique”) no recibía practicamente demandas de intervención, y cuando las recibía eran muy desdibujadas (“Necesito un psicólogo que sepa de esto, pero no puedo pagar”; “es muy importante para mí, pero si me planteas venir tres meses seguidos, es que no puedo”).

 

Sucesivamente por mi sorpresa empecé a trabajar en psicoterapia infantojuvenil; por mi sorpresa porque nunca me había planteado ser terapeuta de niños y adolescentes, como mucho había hecho algún acompañamiento psicosocial a madres y padres, pero ahora de repente el tema de sentarse en el suelo con niños de 6 a 18 años, manejar plastilina y barro, pedirles dibujos, jugar a pelota, proponer caja de arena y mediante todo esto poder tirar un poco del hilo de cómo se sienten... fue algo impactante y nuevo. Descubrí también que lo que había hecho en cuatro años de formación Gestalt no me servía casi para nada; rescaté alguna técnica corporal, rescaté seguramente la actitud, pero descubrí que con un niño o adolescente es imposible usar ese encuadre.

Así que, aprendiendo y pescando de colegas, coordinadores, formadores, supervisores y a veces libros (a veces verdaderamente necesarios) empecé a descubrir por qué el tema perinatal tendría que ser asignatura truncal de la carrera de psicología y también de cualquier formación en psicoterapia.

 

Empiezo ahora a atar cabos y ver cómo realmente el período prenatal, el parto y la primera infancia plasman lo que será el niño y sus relaciones con lo social. Hasta a veces con insight increíbles, como darme cuenta de que un niño nacido con giros de cordón luego está muy expuesto a desarrollar una base ansiosa, seguramente amplificada por problemas de vínculo o sociales en familia... Empiezo a ver que lo que estudiábamos en perinatal no era obsesión de unas cuantas chaladas, sino que realmente en el desarrollo del niño se ven las huellas de este período temprano y empiezo a ver también cómo esto se puede  trabajar, nunca a partir de lo verbal porque la experiencia corporal se queda en el cuerpo y no pasa a poder ser expresada en palabras.

 

Hace unos días me topo con una frase de un libro maravilloso que me ayuda a atar el último cabo, o sea a reconocer la idea que en terapia se desatan dinámicas muy profundas que llevan al paciente (en este caso al niño) a un nivel mucho más temprano de experiencia; dicho en otras palabras, a volverse bebé (como me dijo una supervisora, si no pasa esto, no hay terapia). Y que el terapeuta es, como decía Winnicott, la “madre suficientemente buena” que guía este proceso y permite un salto de desarrollo.

Dice la doctora Beatrice Beebe que cuando madre y bebé entran en resonancia juntos, hay una sensación de “Yo sé que tú sabes que yo sé...” que permite que en la relación se de una cierta “magia”.

 

No creo que se pueda verdaderamente trabajar con niños y familias sin haber hecho antes este trabajo personal de atar cabos sobre nuestra propia primera infancia, pero a partir del embarazo mismo y, quizá, incluso antes (incluso a partir de las expectativas de los padres sobre ese embarazo). Así como creo que una anamnesis con los padres debe incluir esta parte y también retomarla y actualizarla durante todo el proceso (cuántas veces las madres dicen que “fue todo bien”, pero indagando aparecen intervenciones importante y hasta violencia obstétrica).

 

El libro es “El trauma visto por los niños” de Peter Levine y Maggie Kline, para mí absolutamente de cabecera para cualquier madre, padre, profesor de cualquier ciclo escolar, educador, terapeuta incluso de adultos (no es posible trabajar con el adulto sin contactar con el niño que fue).

 

 

Entonces doy las gracias a mi trabajo de estudio en lo perinatal y a todas y todos los que me han acompañado en este proceso, porque hoy veo que sé “dónde tocar” para tirar del hilo con los niños y creo que es indudablemente gracias a este recorrido.

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