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El prisionero relajado

Llegas con tu madre y lo primero que ella dice es no quiere venir. Acabo de empezar a trabajar de terapeuta, eso es la verdad, y sólo llevo niños muy peques, con los cuales hacemos caja de arena, escondite, dibujos.... Me pregunto por qué mi directora ha pensado en mí, porque tú eres adolescente, y varón además. Tal vez asoma un prejuicio, no puedo dejar de pensar que un chico no va a contarme sus cosas a mí, y más si no quiere venir.

 

Mi propuesta es muy clara, que voy a trabajar contigo si tú te comprometes a venir y que tu madre vigilará y estará informada en cada instante, que vendrás solo porque puedes, pero que como no te vea aparecer, llamaré a tu madre enseguida para que te vaya a buscar. Y no podré olvidar nunca que cerré la entrevista con estas palabras: Espero que estés bien, aquí” y tu respuesta fue: Seguramente voy a estar bien.

 

Han pasado unos pocos meses, que para un chico de tu edad son eternos, para un adulto de mi edad son un soplo. Desde no voy a venir más hemos pasado a a ver cuándo se acabará esto a voy a venir cada 15 días pero si me lo pides vengo la semana que viene, llegas con la puntualidad de un adulto y también como un adulto te portas. Pero eres un niño, es difícil verlo para muchos (para tu madre, para los profesores) porque fisícamente eres un niño de 13 años en un cuerpo de 19. Pero sí yo lo veo, quizá porque tengo un hijo de tu edad, quizá porque he tenido maestros que me han hecho trabajar mi etapa de la preadolescencia.

 

Pasas de me da todo igual, sobre todo el colegio a reflexiones que ni un hombre de 30 años, haces como si nada dinámicas para trabajar la confianza y dices sí, ¡es que esto es para trabajar la confianza! ¡Claro! ¿Por qué no tendría que confiar en ti? (has dicho nada.... ).

 

Como te dije el día de la crisis de enfado (vengo porque me obligan, pero yo soy el mismo), yo no soy el tipo de psicólogo que va a hacer algo para cambiarte el cerebro y para que te conviertas en alguien dócil, que obedezcas a los profesores, dejes de hacer el payaso y seas un Pequeño Lord del Insti. Si es que existe algún psicólogo que lo consigue. Voy a ser tu espacio de expresión y agarre y voy a hacer de adulto responsable y no de amigo, que los amigos ya los tienes muy bien colocados en su sitio.

Me miraste algo mal, pero desde aquel día algo hizo click (muerta de miedo, me fui a supervisarlo y mi terapeuta me dijo qué bien que le hayas dicho esto).

 

No sé si me gustará trabajar con otros adolescentes, pero lo cierto es que trabajar contigo me encanta.

 

La carta que escogiste ayer para cerrar la sesión era la de un prisionero recostado, reposando. Me reía mientras decías que la habías escogido porque te habías relajado mucho (a veces me pregunto, qué aguante tiene este chico, no se duerme en la relajación ni si se ha pasado varias horas de la noche enganchado al móvil como imagino que hace....). No, la escogiste porque te sientes un poco prisionero, ¡di la verdad! Jeje, no, de verdad me he relajado. Bueno, te ruego que vuelvas la semana que viene, va a pasar mucho tiempo antes de volver de vacaciones, y te quiero ver una vez más. Pero no me digas que vienes y luego no vienes, ¿entendido? Que no que no, que sabes que si te digo que vengo, vengo.

 

 

Qué bonito trabajo, con adolescentes varones también.

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